¿Qué Liberalismo?

  


 Por René González de la Vega 



 

Creo en la pluralidad y en la inconmensurabilidad de los valores. En que los individuos pueden adoptar una gran diversidad de valores, creencias, modos de vida, estilos e ideales que son igualmente valiosos, aunque a veces incompatibles entre sí. Rechazo la idea de que exista un supervalor que logre reunir o armonizar a todos los valores o a todos los planes de vida existentes. No importa que se trate de la autonomía personal, de la felicidad, del bienestar o del placer. No puedo concebir la vida de un hombre en libertad sin que ésta incluya la capacidad de elegir. De optar por la opción que mejor se acomode a sus intereses y deseos. Estoy convencido de que esta elección no es simple debido a que muchos planes de vida son valiosos pero a tal grado incompatibles que un individuo no podría desarrollarlos simultáneamente. Un mínimo de coherencia y una pizca de prudencia me obligan a pensar en la imposibilidad que hay entre querer ser un cura católico y experimentar la paternidad simultáneamente, entre ser un pacifista y querer pertenecer al ejército, entre ser un político y odiar estar entre las masas. 

 

Creo en la libertad de elección. En la elección racional y razonable. En la elección libre de ataduras, libre de restricciones, libre de coerciones. Creo en el libre desarrollo de la personalidad, en la libertad para generar deseos e intereses personales. No creo que haya otra postura política distinta al liberalismo que logre asegurar este pluralismo de valores ni la igualdad entre los individuos. Creo en un liberalismo que propone una regulación construida a través de un consenso superpuesto de reglas y principios que, a pesar de nuestras diferencias y divergencias, nos convengan y nos convenzan a todos. Pero también, estoy convencido de que esa clase de consenso sólo viene hasta que hayamos logrado una Constitución efectiva, legítima y estable.   

 

Estoy convencido de que la tiranía no comienza con las armas sino con el intento de homogeneizar a los individuos de una sociedad. Con las restricciones en la libertad, con la opresión de la mente crítica y audaz. Comienza con la reducción de un mercado amplio y diverso de opciones de vida y con la supresión de algunos deseos e intereses. La tiranía comienza cuando el discurso político procura hacer que todos pensemos igual, vivamos igual y queramos lo mismo. Cuando el discurso político cree en la existencia de un supervalor que sólo recoge como legitima a una parcela mínima del pluralismo de valores existente y los declara como los únicos objetivamente válidos y al resto lo desecha por ‘inmoral’, ‘degradante’ o ‘criminal’. Creo que la tiranía comienza cuando se superpone el interés de la comunidad sobre al interés individual. Cuando se declara que el valor de un ente supraempírico, como la “patria” o la “nación”, está por encima de los individuos. Cuando se dice que la seguridad nacional es el valor al que los miembros de una comunidad deben rendirse y venerar. La tiranía comienza cuando el gobierno deja de ser imparcial ante los distintos planes de vida y se dice convencido de que es su responsabilidad y su derecho la promoción del ‘bien’, del ‘bienestar’, y el procurar la excelencia moral de todos los ciudadanos. Cuando dice que es su deber y su derecho disuadir, incluso coercitivamente, las acciones que puedan dañar, degradar o arruinar el sentido comunitario nacional aunque éstas acciones se tratan de acciones autorreferentes que no dañan a terceros. 

 

Creo en que los individuos deben ser libres de elegir la vida que les parezca que merece la pena de ser vivida, opinen lo que consideren que debe y pueden ser opinable, crean lo que consideren importante, relevante o sustantivo para cosechar el plan de vida que han elegido, todo ello a pesar de que otros individuos lo consideren pecaminoso, desagradable o lo desaprueben. Creo que el Estado debe estar al servicio de la ciudadanía y no interferir en lo que cada uno de nosotros consideramos como ‘bueno’. Todo ello implica que los ciudadanos sean tolerantes que el Estado sea imparcial y que la sociedad se mantenga plural. 

 


 

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